LOS 100 AÑOS DE ZABALA, EL ÑANDÚ CRIOLLO



El 11 de octubre de 1911 nació Juan Carlos Zabala, el primer maratonista argentino en ganar una medalla de oro en los juegos olímpicos. Nacido en Rosario, se crió en un orfanato de Marcos Paz donde comenzó a practicar atletismo. Su máximo logro fue en los juegos de Los Ángeles 1932 donde se impuso en la maratón. Sus comienzos, en tramos deZabalita, el ‘ñandú criollo’, nota de Hernán Ceres en la revista Todo es Historia, nº 22 de febrero de 1969.



   “Su predisposición para los deportes era grande. Desde los ocho años se destacaba en natación y en básquetbol. Con un equipo de la colonia, le ganaron por aquel tiempo a un conjunto de la Asociación Cristiana de Jóvenes, que entrenaba el profesor Alberto Regina. Cuando apenas había cumplido los doce, se realizó en Marcos Paz un torneo con la participación de los atletas más destacados de la época. Zabala era un chiquilín inquieto, decidor y, por sobre todo, muy atrevido. Iban a correrse 1.500 metros y él se paseaba altanero, presumiendo de ganarle a todos.
   -Andá, quitáte los pantalones largos y que te den unos cortos. Vas a correr contra ellos -le sentenció un celador de apellido Quiroga.
   Con una mezcla de estupor y de alegría, Zabala acató la orden. Apenas tenía 12 años y debía vérselas con muchachones de veinte. Pero no se achicó y salió al frente. En la tercera vuelta a la pista, lo perdió de vista a Mariani, el crédito ‘foráneo’. Las burlas que se gastó, le valieron la promesa de una paliza y la orden de intervenir en otra prueba de 800 metros, que habría de correrse de inmediato: ‘Pensaban que me achicaría… ¡Qué va! Si lo que siempre me sobró fue el «alma torera», recordaba después.
   Y corrió… Y le ganó nada menos que a Acosta, quien luego llegaría a ser campeón sudamericano.
   Los amplios y sucesivos triunfos de Juan Carlos Zabala, demostraron muy pronto que estaba para proezas mayores. Por eso, comprendiendo que Marcos Paz le quedaba chico, el profesor de la colonia, aquel ‘as’ de la cultura física que se llamó Alejandro Stirling, comenzó a mostrarlo afuera. Intervino en un torneo Primavera, organizado por el club de Gimnasia y Esgrima, ganando sucesivamente los 1.500 metros, 3.000 y 5.000 metros. De la primera prueba fue descalificado por ‘actitud antirreglamentaria’ (al pasar a un rival, se permitió el desenfado de tocarle el… fondo de la espalda). Ante este hecho y antes de largase los 3.000, el delegado José Lambierto le hizo prometer portarse bien.
   -Me costaba más eso, que ganar la carrera -dice Zabala-. Porque yo al deporte me lo tomaba en broma. De divertía saber que ganaba, mientras que otros vivían preocupados por la misma causa.
(…)
   Hay una anédcota, entre tantas, que Zabalita protagonizó en 1928. Disputándose los juegos olímpicos de Amsterdam, supo de la derrota del sudamericano Manuel Plaza (chileno) en la maratón que ganó el francés El Quafi. Hizo entonces una promesa en voz alta: ‘Plaza perdió, pero el próximo ganador de la maratón seré yo’. Lo trataron de charlatán y de loco.
(…)

A la conquista de Europa

   Después de ganar los 10.000 metros del Sudamericano con el que se inauguró la pista de GEBA, estableciendo el record de 31,19 y recibir de premio el abrazo del general Uriburu, presidente argentino de aquel año de 1931, el doctor Jorge Mitre, director de La Nación, decidió su viaje a Europa, costeándole todos los gastos. Pasajero del Masilia, por las noches despertaba a todos, corriendo por cubierta para mantener el estado, durante el tiempo que duró la travesía.
   El 8 de setiembre Zabala y Stirling arribaron a Francia y de inmediato llegó la invitación para que corriese el día 13 en Berlín.
   -Vas a correr contra Paavo Nurmi -sentenció Stirling.
   Correr contra Nurmi… Contra el mismo Paavo Nurmi que venía desde mucho tiempo atrás asombrando al mundo atlético. Contra quien por sus performances había sido denominado ‘la máquina de correr’… Contra quien por primera vez había establecido la manera científica de desplazarse en carrera, controlando con un cronómetro sus propios desplazamientos.
(…)
   Están colocados para largar, Stirling le había enseñado las palabras previas al tiro de largada, en alemán. Era cuanto sabía. En las gradas el público lo seguía mirando, llevándose el pulgar a la boca, a manera de chupete, para demostrarle la impresión infantil que daba su presencia, parado entre Nurmi y el sueco Calzon, a quienes apenas les llegaba al pecho.
   Gritó el starter las palabras de orden y antes del tiro, Zabala se adelanta. Le anotan una salida en falso, pero él estrecha la mano de sus rivales, uno a uno.
   -Me anotaron una en falso, sí. Stirling se moría de nervios. Pero más nerviosos estuvieron quienes iban a correr contra mío, al ver la tranquilidad con que procedí a saludarlos…
   Nueva orden de partida y… ¡Zabala en la punta! Por primera vez en la historia del atletismo, alguien se animó a disputarle la vanguardia a Paavo Nurmi, quien paradójicamente… se quedó último. Fueron cubriéndose los primeros metros de la prueba y el argentino fue declinando posiciones. En los 5.000, Zabalita quedó último entre 18 y desde esa posición, fue adelantándose de uno a uno por vez, al resto de los corredores. Al faltar dos vueltas, estaba al lado de Nurmi.
   -El gigante me miró. Y como yo no sabía ninguna palabra en su idioma, me puse a hacerle muecas y a sacarle la lengua. Fue tanta la rabia que le dio, que estrelló contra el suelo el reloj que llevaba en la mano, para controlarse. Mi objetivo estaba logrado. El atleta más flemático del mundo, estaba nervioso…
   Cubrieron apareados los últimos 80 metros, después 70, 50… 20… 5, y cuando Zabala pretendía pegar el salto que lo erigiese vencedor, Paavo Nurmi se ‘zambulló’ sobre la línea, ganándole la carrera.
   -Ahí aprendí algo que no conocía. Indudablemente, Nurmi me mostró una nueva faceta que suele tener también un campeón. Yo, acostumbrado a cruzar barriendo con el pecho erguido, el hilo de la raya de sentencia, tuve que conformarme con ser segundo de aquel gigante, que se ‘tiró con todo’ sobre la línea…”.

Zabala liderando la maratón de los juegos de Berlín 1936, en fragmentos deOlympia, film de Leni Riefenstahl. Con el número 33 y una gorrita blanca, es llamado Zábala por el locutor alemán.

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